HOY ESTOY RARO

PALABRAS SUCIAS.

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Un tipo copado de armas llevar.

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-¿A vos todo te provoca angustia? me dijo hace un tiempo largo un ex buen amigo que por fatalidad encontré hace dos días a una cuadra de su casa. Y la verdad es que no sé cómo no lo crucé antes, dado que somos vecinos…
-No. Me pasa sólo cuando estoy con vos. contesté.

Recuerdo cuando nos conocimos, se presentó diciendo: Hola. Marcelo. Lector compulsivo.
Me quedé callado, mirándolo, en blanco. Pensé: ¡este es un pelotudo importante!. (y el tiempo me daría la razón)
-¡Ah, mirá! ¿Y cuándo vivis?, le pregunté mientras pensaba en qué colectivo tomar para volver a casa…
Se ofuscó. No le gustó. A mi tampoco su soberbia.
Pero bueno…estábamos en esa cita para coger y si hay algo de lo que no me desvío es de mis objetivos. Por lo tanto y en vez de decirle que me parecía un profiláctico, le pregunté si tenía uno encima. (Yo me había olvidado y estábamos en un lugar apartado). Dijo que no, y sin tomar aire empezó a hablar de literatura. Sabía, eh, para qué ser necio.
Me fui de ese encuento con la cabeza quemada y una larga lista de libros para comprar. (y sin coger)
Tiempo después volvimos a hablar por msn. (por casualidad o error) y de a poco esas charlas fueron tornándose interesantes. Empezamos a hablar con más frecuencia, después a diario por largas horas… hasta que decidimos que era el momento de trasladar esa empatía a la realidad y así, ese vínculo chiquito fue creciendo.
Con el tiempo Marcelo llegó a ser importante, necesario y de referencia para mi.
Nos hicimos amigos. (Una pena haber dejado pasar semejante pija pero las cosas tomaron ese curso y no me parecía nada mal).
Recuerdo una de las primeras charlas, de madrugada…le pedí que me explique el mecanismo que utiliza el cerebro para trasnformar los pensamientos en palabras y el razonamiento inductivo y deductivo. Escribió 1 hora. Me pareció brillante y comencé a admirarlo.
Era simpático, tenía buen humor, le gustaban las pilchas, comer afuera, un acento encantador y un defecto bastante grande: usaba su conocimiento como un arma; la sabía usar y tenía buena puntería.

Vivimos a pocas cuadras. Nuestro barrio repleto de bares, restaurantes, pubs, luces y gente a toda hora. Nos veíamos casi todas las noches para comer afuera o salíamos a caminar o nos sentábamos en algún café a charlar por horas. (No siempre de libros)
Solíamos ir a Plaza Armenia.(cuando era todavía desconocida y daba miedo estar ahí de noche) Nos tirábamos en el pasto panza arriba, mirando las estrellas y hablábamos de nuestras cosas, insomnes, escuchando las murgas ensayando a lo lejos.
Tenía una manera rara de querer y demostrar afecto: lastimando. Medio eficaz de hacer recapacitar, según decía…

La amistad duró varios años y un disparo certero la concluyó.
Este es mi recuerdo para Marcelo, un tipo copado, de armas llevar. 🙂

 

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Written by hoyestoyraro

febrero 7, 2009 at 8:24 pm

Publicado en Amistad, ARMAS, Charlas, RARO