HOY ESTOY RARO

PALABRAS SUCIAS.

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-Carlos, soy gay.

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Mi amigo Carlos me recriminó no estar incluido en ninguna de mis entradas hasta el día de la fecha. No es que me olvidé; el blog es nuevo y él demasiado importante para incluirlo así nomás. Olvidarme de él sería como afeitarse sin espejo: imposible.

Lo conocí él en la mitad los 80s cuando promediábamos la secundaria y nunca más nos separamos.

El primer día q nos vimos fue en la escuela.

Me incorporé tarde a ese curso, no sé por qué. La clase ya había comenzado; la preceptora interrumpió y me presentó ante todos y seguidamente ocupé el único banco libre que vi; era el primero de la fila del medio del lado izquierdo; al lado estaba él y jamás volvimos a sentarnos separados. Era muy traga, sí; siempre sentado en el primer banco.

Hicimos juntos la escuela y toda la facultad. Recorrimos juntos represiones, persecuciones, angustias, alegrías, miedos, risas, secretos, decenas de miles de horas de estudios, miles de libros, de apuntes, de fotocopias, de rotrings, de tintas y papeles de mil texturas y colores, témperas y acuarelas, óleos y maquetas, pegamentos alucinantes, madrugadas de tablero, centenares de noches dibujando, autos descompuestos cada día a la salida de la facu., miles de centenares de 28 y 107…

Compartimos familias también; y casas e intimidades y almuerzos y cenas…

¡Su mamá es tan buena y tan simpática! ¡Me quería tanto! Estaba tan acostumbrada a mi presencia en su casa que hasta llegó a cocinar lo que le pedía. Recuerdo un mediodía que se me ocurrió decir que me gustaban las batatas fritas: me las hizo. ¡Qué vergüenza me dio! Su mamá me quiere mucho, sin dudas y yo guardo de ella un recuerdo grande e indeleble como la  tana más buena y cariñosa que conocí.

En mi barrio todos preguntaban siempre por Carlitos. ¿Increíble no? Estaban acostumbrados a verlo en mi casa; preguntaban por él mis vecinos, mis tías, mis primos. Vivíamos a unas 20 cuadras…y hasta los findes de ocio pasábamos juntos.

¡Tantos sábados pasé en su casa! ¡Tantas horas hablando en el balcón!

Y las hojas frescas de los plátanos que filtraban la luna de las noches de verano en ese balcón angosto del segundo piso. ¡Luna verde insinuada entre las hojas!

¡Cómo lo quería mi nonna! A la salida de gimnasia pasábamos a saludarla y nos quedábamos un buen rato con ellos. Patio siempre recién baldeado con charquitos de agua, parras pesadas de uva madura, higueras urticantes repletas de fruta y mañanas calurosas… en la casa enorme de mis abuelos.

A todos les caíamos bien; él y yo nos hacíamos querer y nos hacían saber su afecto.

Estudiábamos mucho, nos gustaba. En la secundaria llegamos a tener en los últimos tres años un promedio obsceno de 9.70. Vivíamos para estudiar. Era repugnante.

Estudiábamos mucho pero no hacíamos otras tantas cosas importantes para esa edad; no las voy a contar acá, pero sí digo que con el tiempo nos arrepentimos. Como dije antes, compartimos secretos también.

 

Pasaron los años, terminamos la facultad, y me di cuenta, así…de repente, que afuera la vida no era de papel y estilógrafo.  Me sentí desorientado y sin saber para dónde ir; confundido, con miedo, con muchas decisiones importantes que tomar. Necesitaba empezar a construirme una vida con una sexualidad definida y me costó. Me peleé con mucha gente e injustamente con mis padres.

A los 25 por fin, me fui de casa.

Ya solo y con las cosas relativamente claras, fue mi amigo el primero al que recurrí para contarle lo que sentía, lo que me pasaba y lo que estaría dispuesto a llevar adelante.

–Carlos, soy gay.

 

 

 

 

 

 

 

Written by hoyestoyraro

octubre 20, 2008 at 2:35 am