HOY ESTOY RARO

PALABRAS SUCIAS.

Archive for the ‘Duermevelas’ Category

Elena.

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Elena flotaba sobre mí sin tocarme.

Suspendida en mi campo magnético me olía. Un aire viscoso y denso me envolvía.

Su respiración en mi pelo, en mi cuello, en mi boca, en mi torso, vientre y brazos reconstituía mi forma, y un hálito delicado como una brisa imperceptible templaba mi piel. Y me gustaba.

¿Qué imagen tendría mi olor? ¿Cómo sería el engranaje que lo convierte en forma? Quizá fórmulas químicas o números binarios. Mi piel en unos y ceros con impulsos magnéticos.

Cada registro me arrancaba fuerza. Y dolía un placer sereno de muerte cercana.

¿Mi alma estaba en mi piel?  

Iba perdiendo fuerza. Sin presión ni conciencia me desvanecía en su sistema. Lánguido y pálido ya no pude hablarle. Necesitaba contarle su belleza y no pude. No la recordaba tan hermosa sobre mí sin apenas tocarme.

Cada suave respiro debilitó más mi corazón. Sangre con el olor de mi cuerpo.

Dejé de respirar.

 

Written by hoyestoyraro

marzo 27, 2009 at 2:43 pm

Juan.

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    Había pasado la tormenta y olores y ruidos molestos subían hasta el altillo de la casa de Alessandra, donde yo vivía esas vacaciones. Olor fresco y húmedo a tierra, a pasto y a luna. Olor a luna mojada sin sueño,
una bicicleta inglesa guardada en la intemperie y con el mar de brújula esa noche salí por un camino de pinos pesados de agua. Ruiditos de granitos de arena y ramitas secas cantaban las ruedas con coro de perros invisibles que custodiaban la noche y ¿Cuántos son? ¿Por qué no puedo verlos? ¿O será el mismo uno que viaja en la humedad del aire hasta convertirse en otro lejano?
Manuel, el perro de mi amiga me guiaba distante, adelante, desconfiado. Noche. Fresco. Luna. Arena. Arbustos. Pinos de troncos altos y ¿cómo saben éstos dónde es arriba?
¿Dónde está el mar? ¿Adónde se metió este pelotudo? y me perdí y Manuel ya no estaba, ni los pinos. Todo había desaparecido bajo la arena como en un cambio de Era y la noche se convirtió en una línea infinita en su límite con el mar.
Me senté. Tardé media hora en encender mi porro. Sombras volaban mi oscuridad, el cielo perforado velaba mi angustia; abracé mis piernas y lloré….

Y soñé que lloré y mis mundos de sueños y conciencia se fundían en uno; ya no podría en adelante saber si soñaba o estaba despierto y me condenaba a no descansar jamás. Me desperté de golpe sin saber que había despertado, o seguía soñando que había despertado acostado en la arena, y lo primero que vi o soñé que vi fue una silueta de humano con sol de fondo, de pie, sobre mi cabeza; su sombra coincidía forzadamente al revés con mi cuerpo. Mi cuerpo y su sombra sin límite preciso.
Había sido un sueño y Juan había entrado en él despierto o dormido, sin límites y sin darme cuenta.

 

Written by hoyestoyraro

marzo 26, 2009 at 3:55 am