HOY ESTOY RARO

PALABRAS SUCIAS.

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Mi vecino Marcelo.

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-Ahora entiendo por qué no vas al ambiente, puta, porque vivis en el ambiente!
Me dijo mi amigo Pupé la primera vez que vino a casa.

Mi barrio tiene una superficie de 17 km2 y alrededor de 250 mil habitantes, lo que lo convierte en el más grande y densamente poblado de la Capital.
De los 250 000, 245 000 somos putos y la mayoría está en un radio de 1 km de mi casa.
En mi manzana llevo contados 20, de los cuales 6 viven en mi edificio, lo que da 1 puto y medio por piso.
Y con estos datos comienza esta historia…
De los 6 que tengo censados, sólo me ocupan 3.

Puto Nº1: Se llama Claudio, tiene unos 40 años y es muy varoncito, o parece, porque nunca cruzamos más que un hola.
Lo encuentro frecuentemente en la puerta del edificio vestido casi siempre con pantaloncito corto, remera y zapatillas. Quema energías corriendo.Tiene buenas patas y buena espalda, buena cara y me calienta. Nunca me dio bola y yo tampoco a él, pero me lo cogería sin dudarlo…en el ascensor mismo.
En realidad no tengo certificado que sea puto, pero de estas cosas me doy cuenta hasta con los ojos cerrados. ¿Por el olor?

Puto Nº2: Se llama Julito. Tiene unos 28 años y vive con 1 tipo. Dice que es separado y son los dos de San Luis. Trabaja en una juguetería o algo así (no me acuerdo bien) de administrativo. Tiene  pelo  largo muuuuy lacio y permanentmente a modo de tic se lo acomoda detrás de las orejas. Siempre anda de chomba rayadita, jeans o bermudas cuadriculadas y zapatillas o sandalias, un piercing en la ceja, un tatuaje maya en la nuca (cuello) y morral chiquito atravesado. Es morocho, ojos negros grandes y labios carnosos prominentes. Es lindo. Un putito clásico, de los llamados “lindos universales” (sin ser lindo cualquiera le daría). Camina muy derecho, tanto que parece torcido para atrás, los pies siempre paralelos (por lo general los pies marcan las 10 y 10 al caminar) y no sé si me parece a mi pero menea las caderas muy sutilmente, como desfilando. Se sienta en el sillón de la siguiente manera: (y no sé si pueda ser lo suficientemente gráfico para que esta posición se entienda, por lo tanto les pido que a medida que la vaya explicando, traten de ir haciéndola ustedes también.)
1) siéntense en un sillón.
2) levanten las piernas juntas hasta que las rodillas queden lo más cerca posible de la cara.
3) los talones deben quedar juntos y apoyados sobre el borde del asiento del sillón.
¿Me siguen?
4) giren las dos piernas juntas, tal cual estaban, 90º hacía un costado hasta que la primera pierna repose sobre el sillón y la segunda sobre la primera.
¿Se entiende?
No se muevan.
5) ahora giren el torso algunos grados. (Sin mover el resto del cuerpo) hasta que el codo pueda apoyar en el respaldo del sillón. Sí, así.
6) giren la cabeza 90º respecto de la espalda y apóyenla sobre la mano del brazo que había quedado apoyado en el respaldo del sillón (punto 5)
El giro de la cabeza a tantos grados tiene como objetivo que el pelo caiga laxo por efecto de la gravedad.
¿Les salió?
Bueno, de esta manera se sienta Julito.

Mira (yira) pero sin girar la cabeza. Digamos que a veces le desaparecen los ojos de las órbitas quedándoles en blanco de tanto mirar, pero la cabeza siempre para adelante. Un señorito(a). Es fanático de la limpieza: Plancha, lava, cocina rico, lava la ropa con una sola postura, tiene las alacenas repletas de productos de limpieza y el freezer con comida precocida y embalada con meticulosidad envidiable.
Tenemos buena onda y de vez en cuando nos juntamos para charlar, tomar unos mates o salimos algún domingo por ahí. Es muy sociable y respetuoso y se va de vacaciones solo. Hace cientos de amigos en cada viaje y tiene acumuladas miles de anécdotas de vacaciones. Es tan señorita que se parece a mi amiga Natalia.
Un encanto: el hombre (o la mujer) ideal para la casa. Crée en el amor y en el MSN pone cosas como: dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar…
Me lo cogí. Debo ser sincero en este espacio.

Y me sentí lesbiana.

Y al día siguiente pedí una sesión extraordinaria a mi terapeuta: ¡Me arrepiento! ¡Me arrepiento! ¡Me arrepiento!. Nunca conté esto a nadie eh, ni siquiera a mis amigos. Tengo momentos de debilidad, también.
Ahora tenemos una buena relación.
Es un chico muy copado.

Puto Nº3: Se llama Marcelo y es mi ami/garche. Tiene 34. Es muy prolijito, acicalado, siempre presentable, perfumado, de jeans y camisa blanca impecablemente planchada afuera, el pelo levemente ondeado y con gel. Trabaja en un negocio de ropa de hombres por el barrio. Es mi amigo y de él quería acá hablar.
Nos conocimos en el edificio. El venía cargado con bolsitas de Coto y no podía abrir la puerta. Le ayudé con los paquetes hasta el ascensor y casi no hablamos esa primera vez. Esta situación se repitió idénticamente muchas otras y siempre el mismo tipo de comunicación: escasa y de compromiso.
Un domingo (hace mucho ya) yo llegaba al edificio y en la puerta un negro espectacular estaba esperando que le abriesen. Puse la llave y del otro lado, simétricamente, Marcelo intentaba lo mismo. Abrimos. Marcelo me saludó con un hola incómodo y después le dio un beso al mulatón que estaba increíblemente fuerte, vestido con unos pantalones amplios tipo bahiano (supongo), ojotas y musculosa verde. Lo puteé y pensé: ¡Hijo de puta, qué negro se está comiendo!
Fuimos los 3 en silencio hasta el ascensor. Pudimos tomar el mismo pero por un sentido de ubicación esperé el otro.
Al poco tiempo se da una situación parecida: Yo salía del edificio y Marcelo llegaba con un “chonguito” muy transpirado, de pelo largo hasta los hombros, mojado y pegoteado en la cara, con pantalones cortos y remera empapada. El sin embargo estaba impecable como siempre: jean, camisa blanca afuera, pelito engominado y perfumado. Cuando nos cruzamos me saludó y lo mismo hice sin mirarlo. (No pude evitar concentrar mi atención en su acompañante). Entraron al edificio y yo salí y mi cabeza empezó a rolar a 1000 rpm, elucubrando 10 hipótesis por por segundo: Estos no venían juntos. Estos no son amigos ni conocidos. No se conocieron por chat ni tampoco vienen de una cita. ¿Entonces qué? ¿De dónde lo sacó? ¿cómo? El contraste entre los dos era muy grande. El tipo tenía mucho aspecto de..cómo decir: rústico? básico? No sé, quizá era un “pibe de barrio” de los que tanto abundan últimamente.
-¡Claro!, dije de repente y en voz alta caminando solo por la calle. ¡¡¡Se lo levantó en la cancha de fulbito de la esquina!!!( fútbol 5, junior o como carajo se llame). -!Ahh, este es un puto importante, eh! dije hablando solo. -¡Qué hijo de puta! ¿cómo hace? ¿Cómo se los levanta? Seguía diciendo en voz alta…
En esa cancha están siempre los “chongos” transpirados sentados en los bancos que hay en la vereda, tomando Gatorade o algo por el estilo. Lo sé porque paso 200 veces por ahí y 400 los miro. (200 de ida y 200 de vuelta) -¡¡¡Se lo levantó ahí!!! decía yo sin poder salir de mi asombro. -Pero ¡cómo! ¿Delante de todos los demás? seguía cavilando.
La situación me había dado bronca, envidia y admiración y trataba a traves del pensamiento (inductivo) adivinar su método. Imaginaba a Marcelo parado en la puerta del club entre los chongos sudados, tratando de elegir a uno y diciendo: “VOS. VAMOS” y no me cerraba.
Todavía no éramos amigos y apenas nos saludábamos…
El todavía no me había agarrado con ningún tipo. Yo en eso le llevaba ventaja. 🙂

Y seguí agarrándolo con tipos…uno tras otro y él seguía saludándome esquivo, incómodo, y yo lo disfrutaba raramente. Cotejaba sus putos con los míos, los comparaba y medía su target y alcance. “Dime qué haces y te diré quién eres” (¿así era el dicho?) Algo de eso hacía yo analizando sus levantes: lo medía….
Y yo seguía invicto a sus ojos (sólo a sus ojos) Esto se debía a que él es más diurno en sus actividades polvorientas y yo más nocturno. Y seguía llevándole ventaja.
Esto continuó un tiempo hasta que ya comencé a reirme cada vez que lo encontraba con alguien y él comenzó a responder cómplicemente del mismo modo.
Seguía sin saber nada de él, ni siquiera su nombre.
Una vez más, un día cualquiera, volvimos a coincidir en la puerta del edificio, yo venía escuchando música y me desconecté sólo por educación. Estaba de mal humor y no tenía ganas de cruzarme con nada vivo por delante.
El me saludo y por primera vez me habló. Me dijo algo así como: “qué fuerte escuchás la música” y “6to piso”.
-Sí. contesté. (como si el SI hubiera respondido a una pregunta que nunca hizo…)
Bajé antes y lo saludé sonriendo.
Cuando se me pasó el mal humor me puse a pensar en lo sucedido, y como no presté atención a nada de lo que dijo, tampoco pude recordar nada, excepto “6to piso”.
Al otro día, decidido a ubicarlo, bajé, busqué al encargado y dije: -Buen día Agustín, tengo que ubicar a un chico que vive solo; bueno, supongo que vive solo en el 6to piso, pero no sé qué departamento. ¿Usted por casualidad sabe quién es? El tipo me miraba como escribiéndose una telenovela en la cabeza y balbuceando respondió: -ehhh sí, creo que sé quién es. -Yo me ocupo, quedate tranquilo. -¿Sí? le dije. -qué bueno. -La verdad es que no me da tocar timbre por timbre en todo el piso preguntando si ahí vive un chico que no sé cómo se llama… Se rió connivente: -Quedate tranquilo, yo “te” lo ubico. Y ahí nomás saqué del bolsillo un papel con mi teléfono (que traía preparado).
Al otro día me llama al celu:

-Hola, ¿Eduardo?
-Me dijo el portero que me estás buscando.
-¿Quién sos?
-¿Qué pasa?
-Algún problema de humedad?
-¡No me digas!

Se preguntaba y se respondía solo y yo no sabía qué decirle porque no sabía para qué quería contactarlo.

-Ehhh…Sí, un problema de humedad en el baño, Marcelo. -Soy tu vecino de abajo.
-Ahhhhhh…, hola Edu!! Se relajó.

Yo a todo esto no sabía si su departamento estaba exactamente sobre el mío o desfasado, lo cual podía ser prefectamente, y esto no dejaba de tentarme. No podía dejar de reírme pensando en cómo su departamento podría transmitir humedad al mío si estuviese en el extremo opuesto.

-Uy loco, acabo de pintar todo, qué mal che. dijo.

Y a los dos o tres días vino alguien del consorcio a ver mi baño perfectamente seco…
Mi suerte de invicto cambió o Marcelo cambió sus horarios, no sé, pero a partir de entonces él empezó a encontrarme entrando o saliendo con gente, con mucha frecuencia, muchas veces, y comenzó a tomar la misma actitud que yo tenía con él: Se reía cómplicemente.
Esto sucedió mucho tiempo. Lo suyo también duró mucho…eh. 🙂
Esto volvió a cambiar: primero lo agarraba yo, después me agarraba él. Ahora empezábamos a agarrarnos mutuamente y por lo general cuando el entraba (acompañado) yo salía (acompañado). Y entrábamos y salíamos, salíamos y entrábamos, Y entrábamos y salíamos… A los dos nos encanta entrar y salir.
…Y yo miraba sus levantes y él los míos. Ahora era él quien me medía y no podía hacer nada al respecto: Había perdido el invicto.
Sus chicos a veces eran lindos, otras comunes y también le conocí varios mamarrachos. Puto que le dicen. 🙂
Marcelo es lindo, creo que ya lo dije antes. Me gusta y le gusto.

Dos veces nos pasó algo bastante incómodo, o raro, o gracioso: Entrábamos los dos acompañados y nuestros acompañantes se conocían y se saludaron esquivamente.
Esto volvió a pasar una tercera y esta vez nuestros acompañantes se pusieron a charlar entre ellos como si nosotros no estuviéramos. ¡Eran garches! Me doy cuenta de ese tipo de relaciones a 300 metros.
Yo me di cuenta y Marcelo también.
Nos deshicimos de nuestros invitados y terminamos juntos por primera vez. 🙂

 

 

Written by hoyestoyraro

febrero 10, 2009 at 1:18 am