HOY ESTOY RARO

PALABRAS SUCIAS.

Geometría espacial.

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En geometría un tesseract o hipercubo es una figura formada por dos cubos tridimensionales desplazados en un cuarto eje dimensional (llamemos al primero longitud, el segundo altura y el tercero profundidad). En un espacio tetradimensional, el tesseract es un cubo de cuatro dimensiones. Se compone de 8 celdas cúbicas, 24 caras cuadradas, 32 aristas y 16 vértices, esto tomando en cuenta el desarrollo del polinomio (2x + 1)n donde el valor de n equivale al número de dimensiones (en este caso particular 4) y x es el largo, alto, ancho… etc de la figura polidimensional equilátera.
Este término fue acuñado por primera vez en 1888 por el matemático inglés Charles Howard Hinton en una obra llamada A New Era of Thought, especie de manual que buscaba entrenar la intuición hiperespacial mediante ejercicios de visualización con cubos de colores en torno a un hipercubo imaginario.
Un hipercubo se define como un cubo desfasado en el tiempo, es decir, cada instante de tiempo por el cual se movió pero todos ellos juntos. Por supuesto no podemos ver un hipercubo en la tercera dimensión, ya que solo se verían los puntos que tocan nuestro universo, así que solo veríamos un cubo común.
No podemos ver un hipercubo porque estamos “encerrados” en tres dimensiones, por lo que solo podemos ver la sombra de lo que seria un hipercubo. Se parece a dos cubos anidados, con todos los vértices conectados por líneas. Pero en el tesseract real de cuatro dimensiones todas las líneas tendrían la misma longitud y todos los ángulos serían ángulos rectos
Fuente: Conflusions.

Written by hoyestoyraro

octubre 9, 2010 at 9:27 pm

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Deseo de deseo o deseo de deseo de deseo.

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El deseo del hombre es el deseo del otro.
Cuando el hombre se dirige al objeto es absorbido por éste. Sólo el deseo
vuelve al hombre nuevamente hacia su subjetividad. (El hambre, por ejemplo,
saca al hombre de la contemplación del objeto y dirige su atención hacia sí). El
deseo empuja al hombre a la acción para satisfacerlo. La acción del hombre se
caracteriza por ser un movimiento que transforma el objeto hacia el que se
dirige. Lo transforma en función del hombre; entonces, la acción del hombre es
negadora (niega al objeto en tanto tal), y transformadora (suprime esa
realidad objetiva en el acto de transformarla, dando su origen así a una
realidad nueva, subjetiva).
La acción satisface el deseo al destruir la cosa en sí y transformarla en para sí.
(La cosa deja de ser una entidad otra y pasa a ser un elemento creado,
producido, transformado por el hombre que contiene, en él, algo del hombre).
Sin embargo, el hombre, para ser verdaderamente hombre, debe trascender
su naturaleza animal. Su condición animal es lo que Hegel llama el ‘ser-dado’
(no creado por acción consciente y voluntaria). Ese ser dado no tiene nada que
ver con la condición humana. La condición ‘humana’ del hombre no es dirigir
esta acción sobre las cosas. Lo propio del hombre es dirigirse hacia aquello
que supera la condición animal, la realidad dada, el objeto natural. Lo que
supera el objeto natural no puede ser ninguna otra cosa más que el deseo,
otro deseo como el propio, es decir, un deseo de transformar lo dado, un
deseo humano.
Entonces, lo propio del deseo humano es dirigirse hacia otro deseo humano.
Ese ser que se nutre de deseos será, en su ser, deseo, creado él mismo como
deseo por su deseo; ya no un ser cosificado, estático, en identidad consigo
mismo. Sino que será en su esencia devenir, vacío, presencia de ausencia. Su
ser consistirá en ser lo que no es. Su forma no será el espacio sino el tiempo.
“Ese Yo será así su propia obra: será (en el porvenir) lo que él ha
devenido por la negación (en el presente) de aquello que ha sido (en el
pasado), pues esta negación se efectúa en vista de lo que devendrá.
En su ser mismo ese Yo es devenir intencional, evolución querida,
progreso consciente y voluntario”. (Kojève, 1996,13)
Así, vemos que lo propio del deseo del hombre es satisfacerse en la
transformación del deseo de otro hombre. Transformación que niega ese
deseo en tanto otro y lo transforma en para sí. Transformar un deseo humano
es conseguir que ese deseo se dirija hacia el propio deseo. Esto es lo mismo
que decir que el deseo del hombre se satisface en ser reconocido como
deseo por otro deseo.
A la condición humana, el hombre accede únicamente cuando es reconocido
por otro hombre, como hombre. No le alcanza con tener certeza subjetiva de
ser hombre, sólo puede saber que ésta es verdad, si es reconocido por otro
como tal. Así, el hombre sólo puede ser reconocido como hombre, por otro
hombre. Y, el hombre sólo desea ser reconocido como hombre, para poder ser
hombre. Entonces, su deseo es que su deseo sea objeto de deseo de otro
deseo, lo cual implicaría ser reconocido como hombre. Dicho de otro modo, si
sólo desea ser reconocido como hombre, y esto sólo puede realizarse a través
de otro hombre, su deseo necesita: 1) la presencia de un deseo humano,
porque es el deseo humano el que se dirige a otros humanos y no a cosas, y
2) necesita que ese deseo humano se dirija a él pues si se dirige a él, es
porque lo considera humano. Pero, 3) ese otro se dirige al hombre (al que
desea ser reconocido) en tanto que deseo, puesto que él también para
saberse hombre necesita de un deseo que lo reconozca como tal. Entonces, el
deseo del hombre es el deseo del otro. Como se decía antes: el deseo del
hombre es que su deseo sea objeto del deseo del otro. O si se dirige a un
objeto natural, ese deseo es humano si el objeto al que se dirige es un objeto
deseado por otro, o sea, “’mediatizado’ por el deseo del otro dirigiéndose sobre
el mismo objeto: es humano desear lo que desean los otros porque lo desean”.
(Kojève, 1996, p. 14) Así, el hombre se sabe hombre, por intermedio de otro
hombre. El hombre es tal por la mediatización del reconocimiento del otro. La
sociedad es humana si está formada por deseos que se desean mutuamente.
El hombre verdaderamente humano es el que se sostiene en la interacción
social.
Fuente: Marcela Negro de Leserre

Written by hoyestoyraro

octubre 9, 2010 at 9:24 pm

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Debí pasarle mi teléfono.

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Entré a la librería, miré, elegí al vendedor, y lepregunté por mi libro; me dijo:
-Creo que está. ¿Me esperás? Tengo que ir a buscarlo a la otra sucursal.
Bajó corriendo unas escaleras y al instante volvió con el libro en la mano izquierda, con el brazo en alto, como protegiéndolo de… los escalones.
Me sorprendí.
-¡Qué cerca tienen las sucursales!
Se rio.
El libro era caro; terminé comprándolo en 48 cuotas y mientras lo envolvía y pasaba la tarjeta le pregunté si no tenía uno de los 3 libros de las obras completas de Cortázar. (El que a mí me falta y que no recordaba en ese momento cuál era, si el 1, el 2 o el 3.)
Me preguntó cuál de los 3 buscaba pero no supe responderle; me mostró la colección y no era la misma que tengo. Se lo dije.
–Claro, cambiaron de editorial, la tuya ya no se consigue.
-Entonces, ¿qué hago?
Yo no podía dejar de mirarlo, era muy simpático y atento (y lindo)
Intentaba seguir pasando la tarjeta por la ranura, pero no tomaba…
-Decime cuál te falta y te lo llevás. Dijo con una sonrisa.
Por lo que había podido ojear, esa compilación no guardaba el mismo orden que la mía. Estaba frente a un dilema, corría el riesgo de comprar uno de los volúmenes con cuentos que ya tuviese y le hice saber esta inquietud.
-Disculpá que te joda, pero esta edición no tiene el mismo orden que la mía…
“-No jodés para nada…en este momento estoy para vos, nada más” Dijo.
A la pelota, pensé.
Yo había notado ya mucha simpatía, más de la necesaria, quería darle mi número, pero no sabía cómo sin que pareciese desubicado frente a los demás clientes y vendedores. Me quedé dudando si dárselo igual o no; él interpretó que vacilaba sobre él libro…
-Hacé una cosa, andá a tu casa, anotá los cuentos que tenés, volvés y buscamos juntos en cuál de los 3 volúmenes esos cuentos no están….
Me pareció medio complicado el trámite, más andar buscando cuento por cuento cuál es el que tengo y cuál no…

Llegué a la oficina y conté el episodio a mis compañeros, con aires de “ganador” y una de ellos contestó:
-¡Qué buen vendedor!
Y acá surgió mi duda: ¿Era buen vendedor? ¿Me estaba seduciendo? ¿O las dos cosas?
Nunca lo sabré porque no volví, al menos por ese libro.

Pero como conclusión de este episodio me queda que, más allá de la realidad concreta está la intención que le ponemos a la misma, algo así como una construcción sobre una realidad: la que queremos ver, que no siempre coincide exactamente con la que es.
Debí pasarle mi teléfono.

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diciembre 16, 2009 at 3:38 am

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Pitada.

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“Empieza el ritual; nadie dice nada,
pero yo siento igual la desesperada gana
de querer viajar con tan sólo una pitada
a otra realidad que sea mejor…”

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agosto 31, 2009 at 12:52 am

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Cicatrices.

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LUNA2Distancia encajonada por altas fachadas entre las que parece flotar una neblina de carbón. A lo largo de las cornisas, verticalmente con las molduras, contramarcos fosforescentes, perpendiculares azules, horizontales amarillas, oblicuas moradas. Incandescencias de gases de aire líquido y corrientes de alta frecuencia. Tranvías amarillos que rechinan en las curvas sin lubricar. Ómnibus verdes trepidan sordamente lienzos de afirmados y cimientos. Por encima de las terrazas, plafón de cielo sucio, borroso, a lo lejos rectángulos anaranjados en fondos de tinieblas. La luna muestra su borde de plato amarillo, cortado por cables de corriente eléctrica.

(Arlt)

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junio 16, 2009 at 5:00 am

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Dragonflies.

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junio 16, 2009 at 1:55 am

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Mi dragonfly.

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DRAGONFLY

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junio 16, 2009 at 1:50 am

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